CONQUISTA LA CODICIA Y LA AVARICIA
El oro y
la plata y los utensilios de bronce y de hierro pertenecen al Señor :
colóquenlos en su tesoro.» Josué 6:19(NVI).
Una
advertencia le fue dado al pueblo de Israel antes de conquistar
Jericó: no tomen nada de oro, plata, bronce y hierro. Conquistarían
la ciudad, y lo hicieron en siete días; sin ningún problema, solo
se salvó la prostituta Rahab.
Sin
embargo, la advertencia era una orden para que los israelitas
conquistaran su corazón del deseo de tomar aquello que no les
pertenecía y de vivir contentos con lo mucho o poco que se tenía.
Era una conquista de la codicia y la avaricia.
Por ello,
antes de cualquier intento de lograr las metas y proyectos en la
vida, debe conquistarse el corazón; ya que todos deseamos el éxito,
que se mide por el poder adquisitivo y el estatus que logramos tener
en la sociedad. Todo se dirige en nuestra sociedad materialista,
hacia el poder del dinero. Los seres humanos luchamos todos los días,
por el poder que da el dinero y el deseo de ser reconocidos.
Dios sabía
que los israelitas, podían caer en la tentación de tomar todo lo
que representaba dinero en ese tiempo, es decir, el oro, la plata,
bronce y hierro. Y poner su confianza en ello, por eso, les dice que
el dinero, le pertenecía a El, para que comprendieran, que si
tomaban, lo que no les correspondía, estarían apropiándose de lo
que Dios no les había dado.
Nuestra
sociedad mide hoy todo con el signo de peso. Muchos de los problemas
que vivimos hoy tienen su causa en el dinero. Las personas luchan
cada día por obtener más recursos económicos, incluso a costa de
la explotación, de la corrupción, del robo y de tantas formas de
adquirir, que al final es aceptada por nuestra sociedad.
No es que
el dinero sea malo, de hecho, no es malo ni bueno, sino depende que
cómo se vea y para lo que se use. El dinero le pertenece a Dios, se
lo dijo a Josué antes de conquistar Jericó, se lo dijo a David, a
Salomón, a los profetas, a los apóstoles, a Pablo del cual
aprendemos que es necesario una vida de contentamiento teniendo
comida y vestido porque al final, nos iremos sin nada.
Sin
embargo, vivimos con arrogancia por lo que tenemos o por lo que vamos
adquiriendo. Vivimos como si fuéramos los dueños del mundo, solo
porque manejamos cierta cantidad de economía, cuando la Biblia nos
indica que todo es de Dios. Nos hemos apropiado de lo que no nos
corresponde, hemos usurpado el poderío que le pertenece solo a Dios.
El materialismo obsesivo, ha venido a ser la meta de todos, cuanto
más tenemos, es mejor; no nos conformamos, porque nos volvemos presa
de la codicia, de ver a los demás y en base a eso, medir nuestra
identidad personal.
La codicia
y la avaricia nos están destruyendo porque están haciendo que
nuestra sociedad se vuelva egoísta, individualista e insensible a
las necesidades humanas.
Nos vamos
automatizando por el dinero y eso es peligroso.
Huye de la
codicia y la avaricia y confía en Dios para todas tus necesidades.
Ánimo.
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