El Dinero No es Suficiente.


Junto a la puerta llamada Hermosa había un hombre lisiado de nacimiento, al que todos los días dejaban allí para que pidiera limosna a los que entraban en el templo. —No tengo plata ni oro —declaró Pedro—, pero lo que tengo te doy. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, ¡levántate y anda! Hechos 3:2; 6(NVI).
Nadie es inútil, aunque haya nacido con alguna discapacidad. De alguna manera se contribuye para obtener ingresos para sobrevivir. Fue el caso del cojo que estuvo por mucho tiempo en la entrada del templo de Jerusalén, en la puerta llamada la Hermosa.
Aparentemente la discapacidad física, cojo de nacimiento, era un impedimento para que fuera útil en la vida. No fue así, hasta que alguien dentro de la familia o quizá por el consejo de alguno de la sociedad judía, se le iluminó la mente con la brillante idea de pedir limosna.

Claro, la idea era fantástica, así que buscaron el lugar indicado para poner al cojo y hacer lo que era propio: pedir dinero. Así que durante mucho tiempo, este cojo, contribuía al gasto de su familia, llevando cada día una buena cantidad de dinero.
La puerta la Hermosa, era un lugar muy transitado, pues todos los días, la gente llegaba para adorar y presentar sus ofrendas a Dios. Por lo que, nadie que pasaba por ahí, iba con las manos vacías y tenían que, ya sea por remordimiento de conciencia o por generosidad, darle algo a este cojo.
Con el tiempo, esta práctica llegó a ser un buen negocio para su familia. El cojo, en su imposibilidad, sabía que lo único que podía hacer en la vida era pedir dinero. Y con ello, aprendió que, el dinero es de suma importancia, ya que, al fin al cabo, todos hacían y vivían para lo mismo: obtener dinero.
Así que la inutilidad de este cojo, ya no lo era, puesto que si podía llevar dinero a su casa, sea  como sea, era una prueba vital, de que no existían las discapacidades si con ello se gana la vida.
Sin embargo, este cojo no sabía que el dinero no era suficiente; que no llenaba todo en la vida; que el dinero hacía de la vida, lo más superficial a una persona. No sabía que existía algo más, mucho mejor, que podía satisfacer a la persona total.
No sabía este cojo que, Dios, no lo creó para pedir dinero sino para mejores proyectos de vida. Lamentablemente, su mente estaba estructurado solo para pedir, por lo que,  no pasaba por su cabeza la idea de que la vida consistía en algo más que el dinero.
Por lo que fue necesario, que Pedro y Juan, quienes iban al templo para adorar, enviados por Dios  a este cojo, le hicieran ver que el dinero no era suficiente, que no lo resolvía todo en la vida.
Así que cuando Pedro y Juan iban pasando, el cojo hizo lo que sabía, pedir. No es que ellos eran pobres y no tenían para dar, ni tampoco que Dios estaba de acuerdo en que sus seguidores debían hacer el voto de pobreza. No, sino que ellos vieron que este hombre, inundado por la codicia y la avaricia, necesitaba salir del estilo de vida que aprendió y que practicaba.
Por eso, le dijeron que no tenían plata ni oro, es decir, cimbraron la mente del cojo para que entendiera que el dinero no resolvería su necesidad más apremiante. Porque emocionalmente, este cojo se sentía vacío, explotado, solo, triste, discapacitado y sin un proyecto de vida.
Le hicieron comprender que su necesidad número uno, no era su bolsillo sino su alma, su corazón, su vida total. Y el único que podía y que, todavía puede hoy, satisfacer a la persona en todas las aéreas de la vida, era Jesús.
Por lo que, le dijeron que le darían a Jesús, quien había llenado sus almas de visión, de fortaleza, de alegría y de proyectos eternos. Eso es lo que necesitaba el cojo, a Jesús, quien tenía mejores planes, que el estar pidiendo limosna.
El cojo entendió que Dios no lo creó para que viniera a este mundo a pedir dinero, sino para proyectos que trascienden hasta la eternidad y no solo lo temporal y perecedero como lo es el dinero.
Jesús satisfizo el corazón de este hombre porque después de que comenzó a caminar, entró con Pedro y Juan al templo, saltando, brincando y cantando. Esto indicó un corazón lleno, ya no vacío. Ya no era cojo, ahora estaba pleno.
El dinero no es suficiente, no llena ni satisface, el único que llena lo que hace falta en la vida es Jesús.
De un salto se puso en pie y comenzó a caminar. Luego entró con ellos en el templo con sus propios pies, saltando y alabando a Dios. Hechos 3:8(NVI).

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