El mandato de ser generosos

Tanto Jesús como el Apóstol Pablo, no tenían problemas con el dinero, ya sea si tenían o no, si tenían mucho o no; y si se trataba de dar menos. Jesús muchas veces dejó claro, que el dinero no era su principal objetivo en la vida, por lo tanto, podía compartirlo, donarlo, regalarlo o darlo.
Por su parte, Pablo, el Apóstol de los gentiles, seguía la misma tónica, nunca le quitó el sueño la falta de dinero o si al día siguiente, tenía que realizar alguna transacción económica, su problema real no era el dinero y, al igual que Jesús, lo compartía, es decir, daba evidencia de su liberalidad; sabía vivir si tenía o no.
De hecho, Pablo, se refiere a Jesús, quien siendo rico se hizo pobre; y para Pablo, había momentos, de abundancia y de escasez, era como una forma de ser estable en la vida, porque así como existen tiempos buenos también llegan los malos.
Por ello, tanto Jesús y Pablo ordenan que, si el objeto de nuestra vida es obtener mucho dinero, claro, trabajando y negociando, que seamos sumamente, generosos. Nos llaman a dejar la avaricia por medio de la generosidad, es decir, entre más tenemos, debemos ser más  dadivosos.
«Enséñales a los ricos de este mundo que no sean orgullosos ni que confíen en su dinero, el cual es tan inestable. Deberían depositar su confianza en Dios, quien nos da en abundancia todo lo que necesitamos para que lo disfrutemos. Diles que usen su dinero para hacer el bien. Deberían ser ricos en buenas acciones, generosos con los que pasan necesidad y estar siempre dispuestos a compartir con otros.»1 Timoteo‬ ‭6:17-18‬ ‭NTV‬‬
Este versículo, que Pablo le cita a Timoteo, está en el contexto de que muchos hermanos, habían dejado la fe en Jesús, por el afán de la riqueza. Es la lucha interna de la falta de contentamiento, de desear lo que otros tienen o de querer una vida holgada. Pero lo más temible de esta corazonada, es utilizar medios ilícitos para la obtención de dinero, que es lo que comúnmente sucede en el sistema llamado mundo.
Varias palabras son de especial atención, primero, la confianza en el dinero trae inestabilidad, por lo que, nos queda claro que muchos de los problemas cotidianos son de esta naturaleza. En cambio la confianza en Dios, resulta en abundancia, contentamiento, estabilidad, armonía y ecuanimidad.
Pablo deja muy claro, que la verdadera riqueza consiste en usar el dinero para buenas acciones, regalarlo y compartirlo. Ser generoso no tiene precio ni valor monetario al contrario es tener el corazón de Jesús, porque no escatimó dejar todo, por venir a este mundo y llenarnos de su riqueza.
Con razón Pablo, se refiere a Jesús al recordar la magnitud de su obra en la cruz que es “Mejor Dar que Recibir”.








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